Armando cuenta sus diez años dentro de Casa de Oración México

Armando relata cómo ingresó a Casa de Oración México a los 15 años, participó durante años como músico y terminó expulsado por diferencias doctrinales.
Miniatura del testimonio de Armando sobre Casa de Oración México

En 2006, cuando tenía 15 años y estaba próximo a cumplir 16, Armando asistió a un campamento organizado por Casa de Oración México en Guadalajara, Jalisco. Su familia era católica y esperaba que aquel retiro ayudara a encauzar una etapa difícil de su adolescencia. Sin embargo, la experiencia tuvo un resultado inesperado: Armando se sintió atraído por la comunidad, comenzó a estudiar la Biblia y decidió convertirse al evangelismo.

Su decisión provocó tensiones familiares. Armando recuerda que sus familiares consideraban que estaba abandonando la religión en la que había sido criado. Mientras su compromiso con la iglesia aumentaba, también comenzó a mirar el mundo desde una división cada vez más rígida entre quienes pertenecían al grupo y quienes estaban fuera de él.

Esa manera de pensar influyó en sus relaciones. Sentía que debía predicar constantemente a familiares, compañeros de escuela y cualquier persona que no compartiera sus creencias. Con el tiempo, su círculo quedó compuesto principalmente por miembros de la iglesia. También evitó relaciones sentimentales con jóvenes que no pertenecían a la congregación porque le habían enseñado que eso representaba un «yugo desigual».

Siete años de música en Casa de Oración México

Armando aprendió música dentro de Casa de Oración. Permaneció aproximadamente diez años en la organización y durante casi siete participó activamente como músico.

Según explica, dentro de la iglesia se utilizaba la palabra «servir» para describir tareas realizadas sin remuneración. La música era presentada como un llamado otorgado por Dios y, por lo tanto, como una actividad que debía ponerse al servicio de la congregación. En cambio, tocar en restaurantes, fiestas u otros espacios podía ser considerado una forma de apartarse de la fe.

Armando recuerda jornadas extensas preparando canciones, grabaciones y actividades religiosas. Algunas noches permanecía trabajando sin dormir para que los eventos estuvieran listos. Mientras aquello se entendía como una muestra de compromiso espiritual, comenzó a observar contradicciones entre el sacrificio exigido a los miembros y los privilegios que, según relata, disfrutaban algunos dirigentes.

Casa de Oración México tenía su sede principal en Guadalajara y estaba encabezada por el pastor Chuy Olivares. Armando explica que Olivares se presentaba como defensor de la «sana doctrina», una expresión que situaba sus enseñanzas como las correctas frente a las demás corrientes cristianas.

De acuerdo con su testimonio, los pastores subordinados debían seguir esa línea doctrinal y quienes se apartaban podían ser desafiliados o expulsados. Armando también afirma que a los miembros se les indicaba que dejaran de relacionarse con personas expulsadas o con familiares que asistieran a congregaciones enfrentadas con la dirección de Casa de Oración. Estas experiencias se relacionan con dinámicas explicadas en nuestra guía sobre persuasión coercitiva.

Cuando las diferencias terminaron en expulsión

Con los años, Armando y otros jóvenes comenzaron a estudiar distintas interpretaciones teológicas. Una de las principales controversias estuvo relacionada con el calvinismo y la predestinación, doctrinas rechazadas por la dirección de Casa de Oración.

Armando comenzó a contrastar lo que escuchaba dentro del grupo con otras fuentes. Algunas personas se acercaban a él y a sus compañeros para preguntarles por esas diferencias doctrinales. Esto generó una división dentro de uno de los grupos de evangelización.

Su salida no fue una decisión personal ni el resultado de un alejamiento gradual. Armando afirma que fue expulsado por no compartir exactamente las enseñanzas del pastor. Según recuerda, posteriormente se comunicó a los miembros que la expulsión se debía a problemas de actitud, aunque él sostiene que la verdadera causa fue doctrinal.

Después de salir de Casa de Oración México continuó siendo cristiano y asistió a otras iglesias. Su cambio de creencias ocurrió años más tarde, después de conocer diferentes perspectivas y retomar enseñanzas de pensamiento crítico que había recibido durante sus estudios. Con el tiempo llegó a identificarse como ateo, aunque aclara que su experiencia no lo llevó a negar el derecho de otras personas a conservar su fe.

Al finalizar su testimonio, Armando invita a quienes siguen dentro de organizaciones religiosas a prestar atención al control que los líderes pueden ejercer sobre sus decisiones. Su mensaje no consiste en abandonar necesariamente las creencias, sino en hacer preguntas, evitar acciones que pongan en riesgo a otras personas y defender el derecho a pensar con autonomía. La entrevista completa está disponible en el canal oficial de LeyAntiSectas y Pablo Salum.